lunes, 30 de diciembre de 2019

La patria del bolsillo

En Zaragoza, uno de los libros de la primera serie de los Episodios Nacionales, Benito Pérez Galdós dibuja en medio del horror y de la guerra, la figura del tío Candiola, Jerónimo Candiola, un usurero, un avaro, una versión primitiva y mucho más miserable del señor Cangrejo que Stephen Hillenburg creó para sus dibujos de Bob Esponja muchos años después. El señor Cangrejo, auténtico 'yonqui' del dinero como aquel Marcos Benavent del PP valenciano, muestra en algunos capítulos trazas de bondad, minúsculas grietas en su caparazón por las que se escapa, no sin sufrimiento, la humanidad, logrando zafarse, aunque brevemente, de la obsesión enfermiza del dinero. Pero en el caso del tío Candiola de Galdós, el caparazón es de hierro forjado e irrompible, el dinero es el don superior, su única razón de ser, y acrecentar su patrimonio, y amasarlo y contarlo una y otra vez, es su único objetivo, mientras sus conciudadanos mueren de hambre a su alrededor, y su ciudad se desmorona, pasto de las llamas, y su país lucha sin descanso para liberarse de la ocupación napoleónica.

El sufrimiento ajeno hace honor al calificativo: le es absolutamente ajeno. El egoísmo y el desprecio por las personas que siente Jerónimo Candiola no se pueden medir. Para él, todo el mundo es holgazán y aprovechado. Nada de lo que sucede alrededor le importa lo más mínimo, ni siquiera verse señalado como el único zaragozano que no ha contribuido con parte de su hacienda a abastecer no ya a sus vecinos más necesitados, sino al propio ejército que defiende la ciudad. En un momento dado, la Junta de Abastos va a su casa a reclamarle varios costales de harina pagándoselos al precio de urgencia estipulado para esos momentos tan delicados, y él no permite que los saquen si no es pagando mucho más que esa cantidad y mucho más de lo que en realidad podría obtener por ellos en una situación normal. Pero su maldad no acaba ahí: tras el primer sitio de Zaragoza, el ejército asignó a cada familia el cuidado y mantenimiento de dos heridos, pero el tío Candiola negó el auxilio y echó de una patada a los que se presentaron en su casa, dejando morir desangrado a uno de ellos en su misma puerta.

El tío Candiola solamente nombraba a la patria y a la divinidad para exigirles que velasen por su patrimonio, que impidiese que alguien se lo arrebatase. Solamente una vez se le oye rogar algo a la Virgen del Pilar, a voz en grito, desesperado, mientras montañas de cadáveres colapsan las calles de la ciudad, y es que la virgen reviva a sus deudores para que le puedan pagar. Acusa a los muertos, a los que han perdido la vida defendiendo Zaragoza, de haber preferido la bendición de la muerte antes que abonar su deuda. Achaca a esos pecados y faltas de sus vecinos el castigo divino de la guerra, del fuego y de la muerte. En un momento de intensos bombardeos en el que pierde de vista a su hija, se preocupa más por haber perdido sus riquezas y, aún más, por haber perdido los recibos de quienes le debían dinero. Entonces, clamando justicia, pide a varios soldados que transportan a un moribundo que lo dejen en el suelo y le ayuden a entrar a una casa en llamas para recuperar sus pertenencias. No conoce lo que significa la solidaridad, ni mucho menos la justicia social. Por supuesto, no asocia esos valores a la patria. Su patria es su bolsillo.

Leyendo los horrores de la guerra descritos de manera tan dura como brillante por Benito Pérez Galdós, y leyendo las barbaridades del psicópata Candiola, me he enterado del acuerdo de Gobierno entre PSOE y Unidas Podemos, y he visto a algunos poniendo el grito en el cielo por la subida de impuestos a las rentas más altas. Aquellos que ganan más de 130 mil euros anuales pagarán algo más de impuestos. Huelga decir que no todos los que protestan ganan tal cantidad de dinero. Pocas personas en España lo hacen. Y huelga decir que la progresividad del sistema tributario español viene recogido en la Constitución de 1978. Y huelga añadir que, casualmente, muchos de los que se quejan de la subida de impuestos a las rentas más altas dicen defender nuestra Constitución frente a, precisamente, los dos partidos que han acordado la subida.

Los que critican la subida de impuestos acusan a esos dos partidos de querer romper España y les acusan de antipatriotas, defendiendo con ello a los que tienen tanto dinero como el tío Candiola, así como los medios para eludir el pago de impuestos. Desconocen lo que significa la solidaridad, no saben lo que es la justicia social. Por supuesto, no asocian esos valores a la patria, no creen que la patria deba proteger a todos los que viven en ella y no entienden que no todo el mundo ha gozado de las mismas oportunidades para progresar, que no todo el mundo tiene las mismas oportunidades para vivir dignamente. Dicen defender la Constitución y la patria, pero en realidad, y al igual que el tío Candiola, solamente conocen una patria: su bolsillo.

domingo, 29 de diciembre de 2019

Entrevista a Jota Davalillo

A las tres o cuatro personas que aún visitáis este rincón, os vuelvo a dar las gracias y os traigo algunos fragmentos de audio de la entrevista que le hice a Jota Davalillo con motivo de aquel trabajo por el 25º aniversario del CB Murcia. De nuevo, os señalo que la calidad del sonido es deficiente y que la edición del vídeo es bastante precaria. Lo bonito de esto, creo, es poder escuchar la voz de los protagonistas cuyas reflexiones, anécdotas e historias quedaron plasmadas por escrito hace casi diez años, en la web Basketme primero y en un humilde libro después. Hasta ahora, solamente los entrevistados y yo mismo habíamos oído lo que os voy trayendo aquí.

En el caso de Jota, es muy interesante por la forma tan natural y divertida de expresarse. Callado y trabajador en la pista, intenso, rápido, con buen tiro exterior a pies parados y unas penetraciones imparables (el llamado 'eurostep' no se ha inventado ahora, 'amics', Jota lo empleaba a las mil maravillas), Davalillo fue uno de los grandes 'culpables' del primer ascenso a la ACB y de una primera temporada digna de elogio. Fue un profesional en la mejor y más extensa de las acepciones del término, dando siempre un paso más allá de lo que se le pedía y aportando una seriedad que se transmitió a todo el equipo, y también a la imagen del propio club frente a la liga y los rivales. Infundiendo respeto.

Espero que os guste. Poco a poco seguiré con esta labor, como siempre, por amor al arte y a unos colores que me corren por las venas y que jamás me abandonarán.




viernes, 20 de diciembre de 2019

El nacimiento de un club. Entrevista a González Barnés

Para las cuatro o cinco personas que osáis entrar en el rincón de este humilde experiodista (y excasitodo), de este 'outsider' por obligación y por vocación, que desde la periferia del boato y del oropel mira a su alrededor y da el coñazo cuando le apetece, voy a ir trayendo poco a poco, sin prisa pero sin pausa, los audios de algunas de las entrevistas que hice casi diez años atrás, en aquel costoso y gratificante (e ignorado por la vacuidad gestoril) trabajo de reconstruir la historia del CB Murcia.

Son audios de baja calidad, como podrá comprobarse, tomados o bien en persona o bien a través del teléfono, porque los tomé para ser transcritos y publicados en un formato digital, no para ser escuchados por el público. No se trata, pues, de entrevistas radiofónicas en diferido, que admiten poca o ninguna edición. En algunos casos, las conversaciones con los entrevistados nos llevaban a los dos, al entrevistado y a mí, a salirnos del camino de un cuestionario ordenado y a atravesar el prado como si de una agradable charla de caminantes se tratara. Esa anarquía procesal me obligaba luego a una larga tarea de edición para pasarla a la escritura, que incluía, por ejemplo, cortar respuestas muy largas con nuevas preguntas que intercalaba, o a estructurar la entrevista de un modo que resultara más apta para su lectura, generalmente con un orden cronológico. Además, la edición de una charla requiere de una adaptación del lenguaje oral al escrito. Se puede incluir fórmulas o giros propios del oral, pero debe primar la gramática del escrito.

Para esta nueva labor de edición de los audios no voy a ir tan lejos como para cortar y ordenar también las respuestas tal y como aparecieron en la versión escrita; además, quitaré mi voz siempre que pueda, y también prescindiré de cuestiones que salieron a relucir en la conversación de un modo más personal o íntimo, en algunos de esos momentos de 'off-the-records' pero 'recorded' que a veces se nos presentaban a los entrevistados y a mí, cuando, a lo mejor, decíamos algo un tanto grueso o citábamos a terceras personas concretas, en confianza, pero sin ánimo de mostrar nuestras impresiones y reflexiones a la luz.

Nunca ningún entrevistado me dijo "esto no lo saques", pero no hacía falta. En el tono yo lo percibía, y soy de la opinión de que un periodista debe saber diferenciar lo que es confidencia (inocente o más o menos morbosa, pero confidencia al fin y al cabo) de lo que es el material que andábamos buscando y que viene fijado en el propio objeto de la entrevista. Nunca tuve el más mínimo interés en sacar lo que pensaba que no debía sacar, por jugoso que pudiese parecer para la audiencia, si no aportaba algo al fin último de esta aventura: construir una historia del CB Murcia lo más fiel posible a la realidad, con imparcialidad y con la vista puesta en el interés general del club y de su afición, por encima del de algunas de las personas que formaron parte de él y que pudieron tener sus más y sus menos.

El primer audio en bruto que edité y preparé para su difusión fue el de Randy Owens hace más de un año. Aquello atrajo más atención de la que esperaba y, entre otras cosas, motivó una cita ya relatada en una entrada anterior entre Garrido y yo. De lo que hablamos, aparte de lo que he contado y de otros asuntos que no contaré, también se mencionó el interés del club (o de Garrido) de hacer algo con estos audios, de sacarlos de algún modo, de darles difusión e incluso de estudiar la posibilidad de pagarme por ello. Yo decliné aunque agradecí esa idea, la de cobrar, pero volví a poner mi trabajo a disposición del club, porque nunca aprendo aunque me la metan doblada cien veces y porque soy un pedazo de gilipollas crédulo e inocente. Aquel plan, también, quedó en nada. ¡Chorprecha! Y así es mejor. Prefiero mi independencia. La defiendo, me gusta, la quiero.

En esta ocasión os traigo la entrevista a Antonio González Barnés, exconcejal de Cultura del Ayuntamiento de Murcia, periodista deportivo en su juventud, hijo de un popular carrocista, taurino por los siete costados y uno de los principales promotores de la creación del CB Murcia. Con González Barnés yo, lo reconozco, tuve mis prevenciones. No sabía qué me iba a responder y, además, lo veía en los antípodas de mi forma de pensar, de mis ideas políticas y demás. Y sí, puede que así fuera, que él y yo no coincidiéramos en muchas cosas, pero en el contacto que tuvimos para esta entrevista descubrí que nos unía algo superior: el amor por el baloncesto y por el CB Murcia.

Al contrario de lo que pensé, con los prejuicios absurdos que a veces cargamos sobre nosotros, González Barnés se mostró conmigo amable en extremo, cariñoso, respetuoso y totalmente dispuesto a ayudarme. Precisamente, a él le planteó mi mujer, a mis espaldas, la posibilidad de prologar un libro cuya existencia yo, ya desengañado y deprimido, había dado por imposible. Después de recibir un portazo en las narices por parte del club, mi mujer y mis hermanas se movieron detrás de mí y, pagándola de su bolsillo, sacaron la edición del libro que luego vio la luz, y que traía consigo un prólogo de Antonio González Barnés. Ni qué decir tiene que aquello me emocionó: el amor de mi gente, que gastó dinero en hacer realidad el libro que el club no quiso asumir, y la amabilidad y cariño de González Barnés en el texto que me regaló, que le agradecí y que guardaré siempre en mi memoria y en mi corazón.

Aquí os dejo, en una edición muy casera y con baja calidad de audio, el relato de Antonio González Barnés sobre el nacimiento de un club. Que os guste.





miércoles, 18 de diciembre de 2019

Los primeros pasos del CB

Para las cuatro personas que leísteis la anterior entrada de este blog a propósito del 'no-homenaje' a Randy Owens y del enésimo desprecio de los actuales gestores vacuos del CB Murcia, traigo ahora el texto que me (nos) regaló Manrique Cos, primer entrenador del equipo, cuando estaba yo escribiendo la historia del equipo murciano desde su nacimiento hasta 2010. Dicho texto y la introducción que le escribí fueron publicados en Basketme.com en marzo de 2011, y posteriormente incluidos en el libro recopilatorio '25 años sobre el parquet. CB Murcia 1985-2010". 

Manrique nos habló de un tiempo maravilloso en el que todo estaba por hacer, y nos habló de Randy Owens. Y Manrique, merecedor también de reconocimiento por parte de una directiva que fuese digna de este club, hablaba del CB Murcia como una página emotiva de su pasado, pero una página ya superada. Así empiezo yo a sentir al que ha sido el equipo de mi vida. En fin, que sin más dilación, os dejo aquí mi introducción al texto y el propio texto de Manrique Cos. Y un vídeo de cierre musical en la misma línea de melancolía que ahora, desde la barrera, me invade a mí. Que os guste.


Manrique Cos, el primer entrenador en la historia del CB Murcia

Recordemos hoy un CB Murcia en gestación; un club soñado, pensado y, al fin, hecho realidad por un grupo de personas a las que podríamos denominar "entusiastas", aunque a mí me guste más decir "soñadores", "emprendedores", "enérgicos". Siempre me han parecido mágicos esos momentos de inspiración, de génesis de una idea, de imaginación de un proyecto. Ese momento "bombilla encendida", el instante "eureka" que nos mueve y nos empuja. Pues bien, tengo que reconocer que el nacimiento y primeros pasos del Club Baloncesto Murcia, del Júver, contado por su primer entrenador, Manrique Cos, me ha llegado a emocionar.

El texto que a continuación podréis leer, me fue enviado por Manrique Cos –Entrenador Nacional de baloncesto y profesor de Secundaria- al poco de contactar con él por e-mail. En el primer correo le planteé una entrevista, como he hecho con todos los que han pasado por aquí, y él me contestó que aun estando a mi total disposición para hablar del Júver y de baloncesto, creía que su testimonio no tendría suficiente interés para el lector porque sus recuerdos eran muy vagos. Tomándole la palabra por el lado de la media aceptación, insistí en pedirle que participara en esta aventura, y apenas veinticuatro horas después Manrique me regaló un texto y unas imágenes. Digo "me regaló" porque entiendo que son un regalo. 


JÚVER


"Una buena mañana de hace 25 años, aparecieron por mi casa de La Alberca dos amigos que deseaban hablarme sobre un proyecto baloncestístico. Se trataba de Pedro Ruiz Morales y de Gregorio Serna Mármol. Eran antiguos jugadores de baloncesto a los que yo había entrenado en el Basket Murcia. Sin más preámbulos me hablaron del Júver. Yo ya hacía años que no entrenaba y precisamente acababa de rechazar otra oferta hacía unas semanas. Mi relación con el baloncesto había sido tan intensa –jugador desde los doce hasta la treintena, presidente de club, pega carteles, taxista y entrenador – que ya me merecía un descanso definitivo. Pero en esta ocasión existía un matiz que ellos consideraban determinante para que yo aceptara el ofrecimiento. Hasta la fecha, cada vez que un equipo murciano de baloncesto ascendía de categoría, automáticamente renunciaba al ascenso por falta de financiación. La diferencia, ahora, radicaba en que se pretendía construir un club con un fuerte apoyo económico que nos permitiera tener las máximas aspiraciones de continuidad. Llegaríamos hasta donde fuésemos capaces de llegar.

Hubo otro determinante de más peso para que aceptara ser el entrenador: la ilusión que ponían en el proyecto. Pronto me reencontré con el resto de la cuadrilla –utilizo este término taurino en honor a González Barnés, otro de los pilares del Júver – y comprobé que el entusiasmo era compartido por todos ellos: González Barnés, Pedro Ruiz, Gregorio Serna, Frank Espinosa… ¿Para cuándo un merecido homenaje a esta cuadrilla? Fueron ellos los que por primera vez soñaron con que nuestro baloncesto saliera de su eterno provincianismo. Supieron atraer a su proyecto a directivos futboleros –gente muy válida como Manuel Álvarez o Enrique Martínez – y por supuesto a Juan Valverde, al que ante los micrófonos de Juan Ignacio de Ibarra califiqué de “mirlo blanco”. No me arrepiento.

En Murcia se desató la locura; por arte de magia empezaron a acudir al pabellón Príncipe de Asturias miles de aficionados – ¡en Tercera División! – que pasaban por taquilla para presenciar el partido de los domingos. Ruedas de prensa, micrófonos hasta en los entrenamientos, entrevistas radiofónicas diarias... En una ocasión, a media mañana, vino a mi aula uno de los conserjes de mi instituto: Luis del Olmo quería entrevistarme en su programa "Protagonistas". Hasta ese punto había trascendido el fenómeno Júver. Ante tanto vértigo profesional, la realidad del equipo era otra muy distinta. Estaba formado por antiguos jugadores de Maristas, casi todos ya universitarios. Ninguno cobraba un céntimo y sus prioridades naturalmente eran otras. En épocas de exámenes no aparecían por los entrenamientos y en más de una ocasión la víspera de algún partido la habían pasado en vela. Éramos un equipo “profesional” plagado de “aficionados”, incluido el entrenador: Chaga, Rogelio, Marcial, Aznar, Muñoz, Serrano, Arturo… A todos nos cabe el honor de haber formado parte del primer Júver.

De todo cuanto me tocó vivir por aquellas fechas recuerdo de una manera especial la llegada a Murcia de Randy Owens. Fue todo un acontecimiento. Por entonces era una rareza ver a una persona tan alta en nuestra ciudad. Hasta el Tío Pencho le dedicó una de sus viñetas: Randy miraba extrañado la catedral y el tío Pencho le decía “¿Qué te creías, que tú eras lo más alto de Murcia?”. Recuerdo la gran humanidad de Randy, visitando colegios y deslumbrando a los críos con su estatura y su clase. Sin duda él también contribuyó al éxito del Júver. Por mi parte me dediqué, tan sólo, a entrenar de la mejor manera que supe. No tengo otro mérito y no es falsa modestia. Lo cierto es que sólo guardo buenos recuerdos de aquellos inicios. El trato que me dispensó Juan Valverde –jamás una mala cara ni una injerencia en mi trabajo – fue sencillamente exquisito. Sólo tengo palabras de agradecimiento. Alguna vez coincidimos en el Club de golf de Altorreal o en el Club de Tenis, y en nuestras caras se adivina que ambos compartimos un buen recuerdo".

Manrique Cos Tejada
Entrenador Nacional de Baloncesto.


Canción: Concrete Schoolyard
Artista: Jurassic 5



domingo, 1 de diciembre de 2019

La espera (un homenaje que nunca llegó)

En marzo de 2018, en mitad de una de esas cíclicas e inacabadas tareas de ordenación de papeles físicos y digitales, me volví a tropezar con el inmenso material de aquel libro que escribí (y que autoedité y publiqué con mi dinero) sobre la historia del Club Baloncesto Murcia en 2010. Documentos con retales de textos, fotos con recortes de hemeroteca, listados... Y sobre todo, los audios en bruto de las muchas entrevistas que hice durante más de un año.

Por un momento renacieron en mí la ilusión y la alegría de aquella tarea tan fabulosa como costosa, una tarea que hice por y para el club y sus aficionados, y no para lucir el palmito, no por ambición... No por querer quitarle el puesto de nadie, como tristemente escuché (cree el ladrón). Por un momento olvidé los sinsabores que me habían apartado de mi equipo, y recordé el inmenso honor que sentí al hablar con los protagonistas de una historia apasionante, la historia del CB Murcia. También recordé a aquellas personas, pocas pero maravillosas, que quisieron comprar el libro, y, lo reconozco sin pudor, recordé esa placentera sensación de que alguien te felicite porque lo has hecho disfrutar con la lectura.


De ese modo, me fui directo al audio de la entrevista más emotiva, la que más me costó lograr y la que más feliz me hizo, la de Randy Owens, pensando que quizá a la gente le gustaría escuchar su voz como yo la oí en su día. Así que la edité, la monté en un vídeo y la subí a Youtube. Volví a dedicarle un tiempo a todo esto, de nuevo, por y para el CB Murcia y sus aficionados. Y también por y para Randy, por su memoria. Una vez más, renació en mí casi a partes iguales la rabia por el trato que Randy recibió del club, y la ansiedad por lograr que se hiciera justicia. Tarde, sí, demasiado tarde, pero justicia a fin de cuentas: Randy debió ver su camiseta colgada en el Palacio. Antes de morir debió venir a Murcia y recibir por última vez el cariño de la gente. Debió recibir la calurosa ovación de esas personas hoy adultas que, siendo niñas y niños, lo vieron jugar y lo disfrutaron con asombro y con admiración, y se engancharon al baloncesto gracias a él.


Entonces pensé que tocaba mover ficha una vez más, y viendo el impacto que tuvo el vídeo de la entrevista, volví a decir en las redes sociales que Randy Owens merecía (mereció) tener su homenaje y su camiseta retirada.


Para mi sorpresa, a los pocos días de subir la entrevista de Randy Owens (grabada nueve años atrás) recibí un mensaje del director comercial del club, José Miguel Garrido, para decirme que igual era buen momento para sentarnos a hablar del trabajo que hice. ¿Ahora? Hace ocho años, el gerente y él ni siquiera se dignaron a hablarme en persona cuando les ofrecí totalmente gratis todo mi material para editar un libro con aquel trabajo. Recibí su negativa por boca del director de comunicación, que, debo decir, fue el único del club que mostró interés y que me trató con amabilidad en aquellos días, cosa que le agradezco.


De ese modo, decía, en la primavera de 2018 acepté educadamente la invitación de Garrido y quedé para charlar, tomar un café y hacerles llegar la propuesta formal de un homenaje a Randy Owens con la retirada de su dorsal, el número 8. Yo ya llevaba tiempo en contacto con familiares de Randy, que me dijeron que su número preferido era ése (en Murcia, además del 8, Randy vistió el 10 y el 15). Garrido se mostró en todo momento receptivo y conforme. Me aseguró que sí, que se iba a hacer, que había que buscar fecha pero que estaríamos en contacto para arreglarlo, para hacerlo pronto. Me dijo que yo estaría en el homenaje, y le dije que no era mi intención, que yo no tenía ningún interés en figurar; que, de nuevo y a pesar de todo, ponía mi material a disposición del club, y en concreto el audio de la entrevista a Randy para usarlo en el homenaje, y que estaba dispuesto a ayudar para organizarlo. Le dije que hoy, como ayer, no quería ni dinero ni protagonismo, por mucho que algunos les cueste meterlo en su cabeza.


Pasado el verano sin tener noticias de Gurb, y comprendiendo que ni podía, ni era recomendable, que yo llevara este tema sólo, pensé que debía involucrar a todos los periodistas que siguen al equipo, a todos los que pudiese. Porque además, me constaba que el mío no había sido el primer intento de homenajear a Randy Owens, y que entre esos periodistas había gente que seguía al CB desde el principio, gente que conoció en persona a Randy, que lo trató y que lo apreció. Así, en octubre de 2018 contacté con los principales periodistas del baloncesto en Murcia y les propuse hacer piña y plantearle al club UNA VEZ MÁS que de una vez por todas organizase el homenaje que Randy merecía.


Tod@s respondieron afirmativamente, con más o menos ímpetu, y traté de crear las condiciones propicias para acudir varios de nosotr@s a hablar con los gestores. Quería evitar que al final esto se convirtiera otra vez en un yo y ellos, o ellos y yo, pero al final todo quedó en un 'yo mismo con mi mecanismo' intercambiando mensajes con Garrido. En las semanas siguientes les pregunté el cuándo y les pregunté el cómo, mientras por email seguía alentando al sobrino de Randy Owens de que esto estaba hecho, que su tío iba a recibir un homenaje a título póstumo.


La respuesta del club siempre fue que sí, que sí, que muy bien, que no había problema... Hasta hubo una posible fecha: un partido de Champions que el equipo debía jugar en Murcia en diciembre. Luego hubo cambios de calendario, aquellos hechos que obligaron al equipo a enlazar varios partidos fuera de casa... Y todo se diluyó. Quedamos en que seguiríamos en contacto, que lo diese por seguro. Hace meses que dejé de esperar un mensaje o una llamada de Garrido. No volví a escribirle y, claro, él no me escribió a mí. Yo, avergonzado, no volví a escribir a la familia de Randy Owens.


Hace pocas semanas relaté todo esto en Twitter, sin entrar en detalles y con menos palabras. Anuncié que, otra vez, colgaba las botas. Que más desprecios no, que no volveré a poner un pie en el Palacio... En fin, lo de siempre. Y reitero lo que dije en su momento: esto son desprecios al propio club, a su historia, desprecios que se repiten de manera más o menos evidente cuando se habla del pasado de este equipo. Un pasado en el que hay que incluir el origen, y sin el origen, no habría nada. Luego querrán que se llenen las gradas... Ojalá que la camiseta de Randy cuelgue un día del techo del Palacio. Cuando eso pase, yo lo aplaudiré desde mi casa, delante del televisor, con mi antigua bufanda del CB Murcia colgada del cuello.


De propina: Cuando uno siente que sobra en un ámbito (porque así se lo hacen notar), por mucho que a uno le duela, tiene que asumirlo y plegar velas. En algunos ámbitos se tiende a la apropiación, a la creación de una corte y a la exclusión de quien no comulga. Sería el caso. Y yo jamás he servido para eso. Gómez, Garrido y su clá, ya está: ¡me las piro! 



En una próxima entrada compartiré una vez más la entrevista a Randy y alguna otra cosa en homenaje al profeta del baloncesto murciano, con motivo del aniversario de su muerte. Lógicamente, este texto no ha sido un homenaje. Ha sido un relato sobre la espera de un homenaje que nunca llegó.



Música para acabar:


sábado, 2 de noviembre de 2019

Cociendo habas para l@s niñ@s

Es curioso que el tiempo borre el origen de muchos refranes y que aun así sigamos entendiéndolos porque encierran una verdad; que todavía hoy seamos capaces de reconocer su significado y su vigencia. Pasa con el de "en todas partes cuecen habas". Seguramente estamos a un 'click' de descifrar la razón de que ese hecho, el de cocer habas (pobres, con lo ricas que están), se coronara como metáfora popular para proclamar que en todos lados se cometen errores, que en todos lados hay miserias y defectos, y que nadie puede decir que él o ella misma y sus cosas caminan sin mácula sobre las aguas.

Es una postura la mar de ingenua, ésa de pensar que lo tuyo, lo que tú amas o aquello que te gusta (o tú mismo), posee (o posees) toda la belleza y la bondad y la perfección de la que es capaz el Universo. Es bastante infantil, y que la infancia me perdone, porque creo que hace mucho tiempo que los adultos hemos reunido los defectos atribuidos tradicionalmente a los niños, mientras que los niños de hoy nos demuestran cada día lo ineptos e idiotas que somos los mayores.

Digo que es una postura absurda y naif que, tirando por lo global y trascendente, reconozco en los fanatismos religiosos o en los nacionalismos, por ejemplo: en esa forma excluyente y negativa de pensar que lo sobrenatural que tú crees, o el pedazo de tierra donde la casualidad te ha llevado a nacer, es lo mejor de lo mejor, sobre todo y especialmente porque lo sobrenatural que creen los demás y el pedazo de tierra donde la casualidad les ha llevado a nacer es mentira y es peor. Es una postura ridícula que me causa bastante vergüenza ajena.

Tirando por lo pedestre y lo menos trascendente, sigue siendo una postura absurda que he llegado a reconocer en mí mismo cuando era crío, cuando los críos teníamos los defectos que hoy tenemos muchos adultos. Entre otras cosas, llegué a pensar, con ese aire chovinista que el ser humano aplica en tantos ámbitos, que en todo lo que rodea al baloncesto estaba el bien, la bondad máxima, mientras que en otros ámbitos y deportes sólo había barbarie. Se trataba de la idealización de un colectivo, el de los amantes y aficionados al baloncesto, tan ridícula como la de los fieles de determinada creencia religiosa o la de los nacidos en una determinada porción de suelo terráqueo con características culturales definitorias y particulares. Una mentira.

De crío pensaba que el colectivo baloncestístico era sinónimo de gente buena, deportiva, pacífica, culta, educada... Y de izquierdas. Oye, y yo ya sabía antes, y sé ahora, que también hay gente buena de derechas y mala de izquierdas, así como cultos malos y gente sin educación con una bondad inabarcable. No quiero perderme en estos detalles, supongo que me entendéis: tenía idealizado al colectivo baloncestístico como el culmen de la perfección. La perfección según yo. Pero resulta que no, que además de todas esas casuísticas alternativas y reales como la vida misma que acabo de enumerar, en el colectivo del baloncesto hay gañanes, odiadores, envidiosos, agresivos, caparras, petardos. Hay de todo.

Os preguntaréis, las cuatro o cinco personas que leáis esto: ¿Adónde querrá ir a parar el caparra éste? (Demostración de que en el colectivo del baloncesto hay caparras: yo soy uno de ellos). Pues esto venía a cuenta del lamentable incidente en el que una señora agredió y amenazó a un árbitro en un partido cadete femenino en nuestra Región. Y viene a cuenta de que, en efecto, estas cosas pasan en el baloncesto como en otros deportes, y pasan porque el baloncesto, y los otros deportes, y la política, y la religión, y otras muchas cosas que nos ocupan y nos preocupan, son asuntos humanos. No son asuntos divinos, son asuntos imperfectos que pueden ser maravillosos porque los humanos somos maravillosos, y que también pueden ser repugnantes porque los humanos somos repugnantes.

Se habla del mal ejemplo que se da a las niñas y niños atónitos de todo el mundo que ven a Joel Enbiid hacer gestos de orgullo juguetón y testosterónico, tras protagonizar un lamentable y ridículo agarrón con Karl Anthony Towns en un partido de la NBA. Y se habla del mal ejemplo que da la tipa ésta que se cruza media pista en un partido cadete para agredir y amenazar a un árbitro (a un crío) de 19 años. Son un mal ejemplo, un ejemplo de que en todas partes cuecen habas.

Después de darle un 'pensao' a la cuestión, tanto a Embiid como a la tipa les resto su capacidad para influir negativamente en la infancia, porque las niñas y niños, en su gran mayoría, son capaces de discernir y de aprender también por descarte, por identificación de lo que está mal, de lo penoso que se les muestra en casa o en la tele o en la calle o en el cole; de las actitudes y acciones repugnantes, egoístas y poco éticas de los mayores: saltarse un semáforo, hablar con agresividad, tirar basura en el suelo, no reciclar...

No debemos renunciar a educar en valores como el respeto y la deportividad en el baloncesto, un deporte tan bello y apasionante, pero tampoco hay que renunciar a ello en la vida en general. Lo de Embiid y lo del partido de cadetes son acciones que hay que denunciar y señalar, por supuesto, y a renglón seguido añado que estoy convencido de que iremos a mejor porque tengo esperanza. Qué le vamos a hacer, no la he perdido aún. Igual si me preguntáis mañana os digo que no. Hoy pienso que sí. Quiero pensar que la gran mayoría de las niñas y niños de hoy saben que en el colectivo del baloncesto, como en el de los torneros fresadores, la abogacía, el ajedrez o el calzado, o entre los fieles de determinada religión o entre los ciudadanos de determinado lugar, hay gente buena capaz de enseñarles con su ejemplo lo que está bien, y también idiotas dispuestos a enseñarles con su ejemplo que, en efecto, en todas partes cuecen habas. Algo que yo, cuando tenía su edad, aún no sabía.

Por gusto, para acabar, música:

lunes, 21 de octubre de 2019

Vuelve la NBA... ¡Se nos viene la locura!

Hace muchos, muchos años, cuando, siendo niño, me enamoré de este deporte, lo introduje en mi vida con sus dos registros, jugarlo y verlo, y los llevé a la práctica con la máxima ilusión e intensidad. A veces, de manera tan enfermiza como para ver el partido televisado del sábado por la mañana en mi casa de la huerta, y en cada tiempo muerto o descanso, salir corriendo a lanzar a mi canasta rural y luego volver corriendo ante la tele para no perderme nada. Porque esa es otra: cuando te enamoras del baloncesto, te aseguras de tener siempre a mano, a una distancia razonable, un balón y una canasta. Vayas donde vayas. Ese 'friki' fui yo, cuando aún no sabíamos de la existencia de lo 'friki'.

A su vez, mi faceta de espectador incluía las dos vertientes: por un lado, el directo, con el CB Murcia en aquella segunda categoría llamada 1ª-B, en la que daba rienda suelta a mis emociones, en el viejo pabellón Príncipe de Asturias (que por entonces, de viejo no tenía nada); y el visionado a través de la tele, en el que consumía ACB con ojos despiertos para disfrutar del juego y aprender, al tiempo que me imaginaba que algún día mi equipo del alma competiría con los mejores y también saldría por televisión. Eso sí, viendo ACB casi siempre me posicionaba para darle un poco de picante al asunto. Generalmente del lado del equipo más débil, o del de alguna ciudad que me gustase o de la ciudad que estuviera más cerca de Murcia.

Por otro lado, todavía dentro del 'modo tele', estaba la Selección Española de aquellos años en los que los éxitos no eran tan habituales como ahora, y sí las decepciones, pero en los que siempre vivía los partidos casi con la misma ilusión y pasión con los que veía a 'mi' CB Murcia.

Fuera de todos los registros, 'muy fuera' de mis intereses baloncestísticos, yo situaba a la NBA. La veía como algo demasiado lejano, demasiado diferente. Alguna vez escuché a Trecet, sí, y vi en el Telediario y en algún programa deportivo las andanzas más llamativas de Magic, Jabbar, Bird y Jordan. Y lo mismo cuando el Plus se hizo con los derechos de dicha competición y entraron en escena Montes y Daimiel. Sí, sabía que eso existía, pero no le echaba cuentas. Pensaba incluso que era incompatible, que había que decantarse de un bando o del otro, de ACB o de NBA, como te decantabas entre Colacao o Nesquik, Cocacola o Pepsi, Danone o Yoplait.

Por entonces yo pensaba que el norteamericano era un juego individualista. Pensaba que era un juego poco trabajado. Pensaba, o se me hizo creer, un montón de topicazos absurdos. Además, el perfil y las características de algunos de los muy aficionados a la NBA que me tropezaba, me reforzaban en la idea de incompatibilidad entre el baloncesto español/europeo y el baloncesto estadounidense: con perdón, los veía un tanto 'flipaos', muy frikis de lo friki, por usar una expresión suave. No, no me interesaba la NBA.

Cuando Fernando Martín se fue a Portland, yo fui de los que le dolió, de los que no lo entendió. ¿Os lo podéis creer? Hasta ahí llegaba el chovinismo 'idiótico' que nos atenazaba a muchos aficionados al baloncesto en la España de la época. "¿Cómo es que se va del Real Madrid, de la liga española, a jugar con los americanos? ¿Acaso no somos suficiente para él? ¿Qué se le ha perdido allí?". Preguntas tan imbéciles como esas fueron formuladas; si no vivíais en aquella época, yo os lo aseguro.

Otro tanto, aunque algo atenuado, pasó cuando se marchó ET, don Pau Gasol. "Es demasiado joven... Aún no ha hecho casi nada aquí... Necesita aprender más, jugar más minutos en España... Va a fracasar". Pues no, no fracasó, y además, él y los siguientes jugadores españoles que fueron llegando a la NBA sirvieron para acercar la liga estadounidense a quienes, como yo, no lo teníamos del todo claro. Y al ser "de los nuestros", la curiosidad picó a más de uno... Pero a mí, sin embargo, tampoco me picó lo suficiente. Disfruté de las jugadas de Pau en Memphis, y luego de su llegada a los míticos Lakers, y también lo pasé bien viendo a Jose Calderón en aquellos Raptors junto a Chris Bosh... Hasta compré y me leí el libro Canastas sagradas de Phil Jackson, y una camiseta de los Knicks con el dorsal de Marbury, y una amiga me trajo de Nueva York una camiseta de los Raptors con el dorsal de Calderón (me encanta esa camiseta). Pero no hice mucho más. Nada más.

Y llegamos a fechas más recientes. Un buen día de hace unos años, a falta de otros vicios que consumieran mi hacienda, decidí abonarme a Movistar Plus para ver la liga ACB, y en el mismo 'pack' comencé a ver por casualidad algún partido en diferido de la NBA. Caían ante mí y los veía un rato. Me fui picando poco a poco viendo las auténticas barbaridades (en el buen sentido) que son capaces de hacer. Me animé poco a poco más con el maravilloso sentido del espectáculo que tienen, con esos pabellones, con esos videomarcadores, con esas repeticiones donde lo que acabas de ver 'a cámara rápida', y que parece imposible, se te muestra a cámara lenta y te lleva a pensar que, en efecto, es imposible y que aun así es cierto; como digo, me reenamoré del baloncesto. Me enamoré más perdidamente del baloncesto enamorándome de la NBA. ¿Cómo me he estado perdiendo yo este espectáculo?

En ese contexto de "pero pijo, esto es muy grande", llegaron los playoffs de 2016 y por primera vez me levanté de madrugada para ver los partidos de la final en directo, de aquel Warriors - Cavs del 3-1 y de la remontada, y de aquel séptimo partido que fue una auténtica locura. Lo que disfruté aquella madrugada con el triunfo de Cleveland, lo que salté en el sofá, yo sólo, conteniendo los gritos... Lo mucho que flipé, es que no lo puedo explicar. Y me hice de LeBron y de Cavaliers, y pedí a mis allegados que me regalaran una gorra y una camiseta de Cavs. Y aún más: seguramente fui la única persona en España (o una de las únicas) que se sacó el abono del League Pass solamente para los partidos de Cleveland (fijaos ahora qué desastre el equipo de Cleveland). Más que 'friki', 'refriki'.

A que me enganchase a la NBA contribuyeron no solamente los jugadores y sus jugadas, ciertamente de otro planeta, y no solamente la propia competición, que en líneas generales es una maravilla organizativa (el uso de las tecnologías, los arbitrajes, el sistema de competición, los diseños de los escudos, de las equipaciones, los vídeos promocionales, la música...), sino también los periodistas de Movistar Plus, en especial gente como Guillermo Giménez, Piti Hurtado, Ántoni Daimiel, Ramón Fernández y Antonio Sánchez. Todos personas inteligentes y con sentido del humor, que mezclan la narración y los comentarios del baloncesto con los comentarios de la vida misma, con la buena música (con la que me gusta, vaya), con el cine o con mil historias más. Unos figuras.

La NBA, como fenómeno no solamente norteamericano (a pesar de tanta bandera y tanto himno, lo que menos me gusta), es depositaria del sueño de muchos niños sin importar dónde hayan nacido: ya hayan salido de un barrio marginal de Atenas, del extrarradio violento y sin esperanza de alguna ciudad estadounidense, del cinturón industrial de Barcelona o de la aldea más recóndita de África.

La NBA es también generadora de mitos y de historias que casi parecen leyendas, ya sea de un jugador en concreto, ya de un equipo, ya de un entrenador o de una situación límite que se revierte. La NBA es creadora de historias muy, muy literarias; o cinematográficas, si os gusta más lo audiovisual. La NBA es un sinfín de datos y de líneas paralelas y perpendiculares que, para mi gusto (o mi disgusto), dura muy poco. Y eso que son 82 partidos de liga regular y cuatro rondas de siete partidos en playoffs... Y para más decir, está la cuestión racial y de los derechos sociales, que tanto les ha costado (y les cuesta) alcanzar.

Incluso me gusta el hecho de que, en comparación con otros 'negocios deportivos' estadounidenses, la NBA sea una 'empresa' progresista, por así decir (y siempre con muchas prevenciones); que sea contestataria con el conservadurismo más rancio de aquel país, que se moje en algunas cuestiones, que cuide de eso que llaman 'responsabilidad social corporativa', que responda a las legislaciones retrógradas de algunos estados... Valga como muestra los palos que tíos como LeBron o Curry le dan a Trump, al que todavía no ha acudido a visitar a la Casa Blanca ningún campeón de la NBA.

En fin, que la NBA no deja de ser un inmenso negocio y una máquina de fabricar dinero, pero también es una máquina de generar entusiasmo por el baloncesto. De modo que aquí me encuentro ahora, nervioso cada vez que llega octubre y se aproxima el comienzo de la temporada. Con muchas ganas. Sigo pensando que es un mundo éste, el de la NBA, muy dado al 'flipismo', yo mismo casi me veo como tal, y, sin acritud, todavía me tropiezo a 'flipaos' por las redes que discuten una opinión inocente como si tuvieran la verdad revelada, pero bueno, realmente eso pasa en casi todos los ámbitos. También reconozco que aún no controlo todos los pormenores normativos, los contractuales y demás historias, que todavía se me escapan. Y añado que hay cosas que me desconciertan y no me terminan de convencer, como el tejemaneje de los traspasos... La cara más áspera del mercadeo.

Y más: no me gusta el uso y el abuso de términos anglosajones en los medios españoles que se dedican a la NBA, o en los comentarios de las redes o en las narraciones de los partidos: chorradas (con perdón) que surgen de traducciones literales que son erróneas, como lo de 'las finales' (es 'la final', pijo, una única final, aunque se juegue en una eliminatoria a varios partidos), la 'post-temporada' (¿qué pijo es eso? ¿Acaso la temporada acaba con la liga regular? ¿Qué son los playoffs, precisamente, si no la parte más sabrosa de la 'season', de la propia temporada?), o el 'finger-roll', el 'fade-away', el 'step-back', el 'miss-match'... Para todo eso hay expresiones en castellano, ¡usémoslas!

En cuestiones estrictamente deportivas, también debo decir que no comulgo con el estilo de juego de todos los equipos, y que hay entrenadores que me gustan más y otros que me gustan menos, equipos que me gusta más ver y otros que me dan picores (que no picorcitos)... Y costumbres de los jugadores norteamericanos que son una idiotez y que, si llega el caso, iré señalando en futuras entradas de este blog. También opino que el baloncesto FIBA, por así llamarlo, y el de la NBA, a veces pueden parecer juegos diferentes, pero ambos crean la amalgama que forma este deporte tan asombroso y divertido, el baloncesto, con sus múltiples aristas y matices. Ambos mundos lo enriquecen.

En próximos textos comentaré más cosas sobre la NBA, aceptando y agradeciendo siempre los comentarios y aportaciones de quienes conozcan más y mejor esta liga que yo. 

Y acabo con una de las entradillas más chulas que, en mi humilde opinión, se ha hecho desde la competición estadounidense para introducir la eliminatoria final, por muchos motivos: por la canción de Steve Wonder, musicote; por las imágenes elegidas, plásticas, estéticas, cojonudas; por el tributo y agradecimiento constante que hace esta liga al pasado, a aquellos que hicieron de la NBA lo que es hoy; y por la clara alusión (que es a la vez una declaración de intenciones) al carácter planetario y universal de la NBA, que bebe de todas las fuentes del mundo, que es multi-cultural, multi-racial, y que alimenta y se deja alimentar por la ilusión de l@s amantes del baloncesto sea donde sea que vivan o hayan nacido. Hasta el último rincón de la Tierra. Vuelve la NBA... ¡Se nos viene la locura!



lunes, 7 de octubre de 2019

8 abajo (y balón para el rival)

Durante el pasado Mundobasket -fue hace un mes pero parece que han pasado años-, la Selección Española masculina empezó la competición a medio gas y, como siempre, se generó cierta inquietud. Somos muy de 'lo quiero todo y lo quiero ya', y lo que se salga de ahí, nos incomoda. España comenzó el Mundobasket ganando con ciertas incomodidades, y los focos se encendieron y los cuchillos se afilaron de cara al primer partido de la segunda fase, el que nos enfrentaba a Italia. Prevenciones, cuando no pesimismos declarados, antecedieron al choque.

Una vez se lanzó el balón al aire, las dudas aumentaron, pero luego el equipo fue capaz de rearmarse, se quitó la presión, empezó a divertirse y terminó ganando con relativa -aunque no demasiada- comodidad. Muchos respiraron aliviados pensando en que lo principal ya estaba hecho. Lo principal era, para muchos, crearse un camino medianamente asequible en los cruces y llegar a semifinales, optar a una medalla de bronce y, con suerte, lograr la clasificación para los Juegos Olímpicos. Con la victoria ante Italia parecía abrirse esa puerta. Muy pocos pensaron que se pudiera ganar a Serbia en el segundo partido de la segunda fase. Entre esos pocos estaba yo, debo decir. Si tenéis el valor de navegar por las redes sociales recordaréis las alabanzas encendidas hacia Serbia por su arrolladora puesta en escena durante la primera fase. Todo era rendición sin condiciones y poco menos que la entrega del trofeo por anticipado, ya que Estados Unidos no terminaba de enamorar.


En este punto repito algo que ya he dicho muchas veces: me disgustan tanto las lapidaciones como las alabanzas colectivas. Generalmente, este tipo de manifestaciones masivas me ponen en alerta. Me avisan de que debo buscar más información. Me incitan a encontrar los tonos intermedios. Pues bien, el común no daba un duro por España y lo daba todo por Serbia, y ya sabéis lo que pasó. Lo dije antes y lo digo ahora: esto es baloncesto, que es como decir que esto es la vida. Lo que parece cantado a lo mejor se queda sin cantar. Lo que todo el mundo espera termina siendo esperado por siempre jamás, y lo que nadie esperaba resulta que llega y nos da en la cara con la mano abierta. ¡No es posible! ¡Los números no dicen eso! Lo números pueden decir una cosa y la contraria. Sólo cuando pasa, lo sabemos.


Un problema que se nos antoja insalvable, una situación que parece imposible de superar, puede dar un vuelco. En esos casos puede que tengamos que contar con la suerte, sí, pero también con la fuerza de la voluntad y del trabajo. Un ejemplo de lo que busco me lo da el baloncesto: cuando estamos 8 abajo y balón para el rival.


Cuando estamos 8 abajo y balón para el rival, la moneda está en el aire y puede caer cara o puede caer cruz. Trataremos de olvidar el marcador y defenderemos a muerte. Intentaremos recuperar la bola. Es una situación muy jodida que casi es un todo o nada: si, por ejemplo, nos meten un triple, se pondrán 11 arriba, superando así eso que llamamos "barrera psicológica de los diez puntos"; pero, por el contrario, si fallan o recuperamos el balón, y metemos un triple en el siguiente ataque, nos pondremos a 5 puntos: la mitad de esa barrera psicológica, dos posesiones, aliento en el cogote... Nada. Es decir, que se trata de un momento que nos puede llevar al -11 o al -5.


España llegó a estar 8 abajo contra Australia, y balón para el rival, en las semis del Mundobasket. Se tuvo fe, se trabajó, se tuvo suerte también, y terminamos ganando. Y de ahí a la final, y de la final al oro, al segundo campeonato del mundo. No miento si digo que me emocioné tanto (diría que más) como en aquel primer Mundobasket ganado por España, el de Japón 2006. La felicidad más absoluta y una nueva lección para la vida, de nuevo, al amparo del deporte más maravilloso que existe. El baloncesto.




Aquí os dejo un pequeño montaje musical que hice con motivo del segundo Campeonato del Mundo de baloncesto que ha ganado la Selección Española masculina, y os informo de que, de la manera más regular posible, en este blog voy a comentar la actualidad que más me interese de este deporte que tanto amo. ¡Saludos!