domingo, 1 de diciembre de 2019

La espera (un homenaje que nunca llegó)

En marzo de 2018, en mitad de una de esas cíclicas e inacabadas tareas de ordenación de papeles físicos y digitales, me volví a tropezar con el inmenso material de aquel libro que escribí (y que autoedité y publiqué con mi dinero) sobre la historia del Club Baloncesto Murcia en 2010. Documentos con retales de textos, fotos con recortes de hemeroteca, listados... Y sobre todo, los audios en bruto de las muchas entrevistas que hice durante más de un año.

Por un momento renacieron en mí la ilusión y la alegría de aquella tarea tan fabulosa como costosa, una tarea que hice por y para el club y sus aficionados, y no para lucir el palmito, no por ambición... No por querer quitarle el puesto de nadie, como tristemente escuché (cree el ladrón). Por un momento olvidé los sinsabores que me habían apartado de mi equipo, y recordé el inmenso honor que sentí al hablar con los protagonistas de una historia apasionante, la historia del CB Murcia. También recordé a aquellas personas, pocas pero maravillosas, que quisieron comprar el libro, y, lo reconozco sin pudor, recordé esa placentera sensación de que alguien te felicite porque lo has hecho disfrutar con la lectura.


De ese modo, me fui directo al audio de la entrevista más emotiva, la que más me costó lograr y la que más feliz me hizo, la de Randy Owens, pensando que quizá a la gente le gustaría escuchar su voz como yo la oí en su día. Así que la edité, la monté en un vídeo y la subí a Youtube. Volví a dedicarle un tiempo a todo esto, de nuevo, por y para el CB Murcia y sus aficionados. Y también por y para Randy, por su memoria. Una vez más, renació en mí casi a partes iguales la rabia por el trato que Randy recibió del club, y la ansiedad por lograr que se hiciera justicia. Tarde, sí, demasiado tarde, pero justicia a fin de cuentas: Randy debió ver su camiseta colgada en el Palacio. Antes de morir debió venir a Murcia y recibir por última vez el cariño de la gente. Debió recibir la calurosa ovación de esas personas hoy adultas que, siendo niñas y niños, lo vieron jugar y lo disfrutaron con asombro y con admiración, y se engancharon al baloncesto gracias a él.


Entonces pensé que tocaba mover ficha una vez más, y viendo el impacto que tuvo el vídeo de la entrevista, volví a decir en las redes sociales que Randy Owens merecía (mereció) tener su homenaje y su camiseta retirada.


Para mi sorpresa, a los pocos días de subir la entrevista de Randy Owens (grabada nueve años atrás) recibí un mensaje del director comercial del club, José Miguel Garrido, para decirme que igual era buen momento para sentarnos a hablar del trabajo que hice. ¿Ahora? Hace ocho años, el gerente y él ni siquiera se dignaron a hablarme en persona cuando les ofrecí totalmente gratis todo mi material para editar un libro con aquel trabajo. Recibí su negativa por boca del director de comunicación, que, debo decir, fue el único del club que mostró interés y que me trató con amabilidad en aquellos días, cosa que le agradezco.


De ese modo, decía, en la primavera de 2018 acepté educadamente la invitación de Garrido y quedé para charlar, tomar un café y hacerles llegar la propuesta formal de un homenaje a Randy Owens con la retirada de su dorsal, el número 8. Yo ya llevaba tiempo en contacto con familiares de Randy, que me dijeron que su número preferido era ése (en Murcia, además del 8, Randy vistió el 10 y el 15). Garrido se mostró en todo momento receptivo y conforme. Me aseguró que sí, que se iba a hacer, que había que buscar fecha pero que estaríamos en contacto para arreglarlo, para hacerlo pronto. Me dijo que yo estaría en el homenaje, y le dije que no era mi intención, que yo no tenía ningún interés en figurar; que, de nuevo y a pesar de todo, ponía mi material a disposición del club, y en concreto el audio de la entrevista a Randy para usarlo en el homenaje, y que estaba dispuesto a ayudar para organizarlo. Le dije que hoy, como ayer, no quería ni dinero ni protagonismo, por mucho que algunos les cueste meterlo en su cabeza.


Pasado el verano sin tener noticias de Gurb, y comprendiendo que ni podía, ni era recomendable, que yo llevara este tema sólo, pensé que debía involucrar a todos los periodistas que siguen al equipo, a todos los que pudiese. Porque además, me constaba que el mío no había sido el primer intento de homenajear a Randy Owens, y que entre esos periodistas había gente que seguía al CB desde el principio, gente que conoció en persona a Randy, que lo trató y que lo apreció. Así, en octubre de 2018 contacté con los principales periodistas del baloncesto en Murcia y les propuse hacer piña y plantearle al club UNA VEZ MÁS que de una vez por todas organizase el homenaje que Randy merecía.


Tod@s respondieron afirmativamente, con más o menos ímpetu, y traté de crear las condiciones propicias para acudir varios de nosotr@s a hablar con los gestores. Quería evitar que al final esto se convirtiera otra vez en un yo y ellos, o ellos y yo, pero al final todo quedó en un 'yo mismo con mi mecanismo' intercambiando mensajes con Garrido. En las semanas siguientes les pregunté el cuándo y les pregunté el cómo, mientras por email seguía alentando al sobrino de Randy Owens de que esto estaba hecho, que su tío iba a recibir un homenaje a título póstumo.


La respuesta del club siempre fue que sí, que sí, que muy bien, que no había problema... Hasta hubo una posible fecha: un partido de Champions que el equipo debía jugar en Murcia en diciembre. Luego hubo cambios de calendario, aquellos hechos que obligaron al equipo a enlazar varios partidos fuera de casa... Y todo se diluyó. Quedamos en que seguiríamos en contacto, que lo diese por seguro. Hace meses que dejé de esperar un mensaje o una llamada de Garrido. No volví a escribirle y, claro, él no me escribió a mí. Yo, avergonzado, no volví a escribir a la familia de Randy Owens.


Hace pocas semanas relaté todo esto en Twitter, sin entrar en detalles y con menos palabras. Anuncié que, otra vez, colgaba las botas. Que más desprecios no, que no volveré a poner un pie en el Palacio... En fin, lo de siempre. Y reitero lo que dije en su momento: esto son desprecios al propio club, a su historia, desprecios que se repiten de manera más o menos evidente cuando se habla del pasado de este equipo. Un pasado en el que hay que incluir el origen, y sin el origen, no habría nada. Luego querrán que se llenen las gradas... Ojalá que la camiseta de Randy cuelgue un día del techo del Palacio. Cuando eso pase, yo lo aplaudiré desde mi casa, delante del televisor, con mi antigua bufanda del CB Murcia colgada del cuello.


De propina: Cuando uno siente que sobra en un ámbito (porque así se lo hacen notar), por mucho que a uno le duela, tiene que asumirlo y plegar velas. En algunos ámbitos se tiende a la apropiación, a la creación de una corte y a la exclusión de quien no comulga. Sería el caso. Y yo jamás he servido para eso. Gómez, Garrido y su clá, ya está: ¡me las piro! 



En una próxima entrada compartiré una vez más la entrevista a Randy y alguna otra cosa en homenaje al profeta del baloncesto murciano, con motivo del aniversario de su muerte. Lógicamente, este texto no ha sido un homenaje. Ha sido un relato sobre la espera de un homenaje que nunca llegó.



Música para acabar:


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