jueves, 2 de enero de 2020

Cuando fuimos campeones

Las personas que habéis tenido la paciencia de leerme/escucharme hablando sobre baloncesto en los últimos años, sabréis lo insistente que he sido siempre en el reconocimiento y la difusión de la historia del primer equipo de baloncesto de la Región de Murcia, por muchos motivos: por el propio placer de recordar cómo vivimos lo que vivimos, por darlo a conocer a quienes no lo vivieron y por fomentar el sentimiento de pertenencia de la gente hacia su equipo, que es una de las formas más evidentes y provechosas de fidelizar al público, de tenerlo junto a su equipo, de que lo defienda ante las amenazas y lo anime en los momentos difíciles.

En ese empeño me he hipotecado hasta la incomprensión y el destierro, mientras miro con cierta envidia, sana de verdad, la manera en la que la mayor parte de la afición del Real Murcia reivindica su escudo, su historia y su identidad, y lo defiende con orgullo. De todos es sabido que mi deporte favorito es el baloncesto -se me queda corta la expresión... más que mi deporte favorito, diría que el baloncesto corre por mis venas-, pero desde hace unos años me siento muy del Real Murcia y de su gente. Los admiro. Me quito el sombrero. Ya soy uno de ellos.

El motivo de esta entrada es compartir los fragmentos de audio con subtítulos en español de la entrevista que le hice a John Ebeling en 2010. Se trata de una charla y de un relato muy especiales. Cuando algunos menosprecian la historia del club diciendo que este equipo siempre se ha arrastrado (hasta que algunos inventaron la rueda), o que nunca ha hecho grandes cosas (hasta que algunos nos trajeron el fuego), o que nunca ha jugado Copa del Rey (falso, la ha jugado varias veces y ha llegado a semifinales), yo me acuerdo de cosas como las que hizo el CB Murcia de la 1993/94.

Cuando se habla de las mejores temporadas de su historia, se cita la 2015/16 en la que terminó 7º y jugó playoffs por el título (y ganó un partido), bajo la propiedad de UCAM y la dirección deportiva de Alejandro Gómez. Obviamente, es así: aquella fue la mejor temporada en la historia del club. Aún bajo el mismo auspicio, están la 2014/15 y la 2017/18, que acabaron con balance de 17-17, incluyendo en esta última el bronce en una competición europea.

Tras esas temporadas se suele señalar alguna de las de Polaris World, pero antes, sobre todo, se habla de la 1994/95 con Juan Valverde todavía a los mandos, en la que el balance fue de 18-20, y la 1991/92 en la que se jugó playoffs y se quedó a un sólo punto de entrar en competición europea. Más atrás se podría señalar la 1990/91, la del debut en ACB, un gran año que finalmente se le hizo al equipo demasiado largo.

Pero, a lo que iba, la 1993/94 está en el corazón de la gente como un año especial. Y trascendental, debo decir. Aquella temporada era muy, muy importante, entre otras cosas, porque la ciudad estaba terminando de construir una instalación de primer orden como el Palacio de los Deportes. Mudarse al nuevo y flamante pabellón al año siguiente con el equipo en LEB hubiera sido desastroso. Y ese desastre estuvo muy cerca.

De la historia se puede aprender, la historia puede aportar referentes para el tiempo presente. Aquel CB Murcia era un equipo hecho con palicos y cañicas. Tenía a Oleart en el banquillo, y en la pista contaba con guerreros que nunca se daban por vencidos. Que no dejaban de luchar. Y en la grada, con una afición entregada que valoraba el esfuerzo de los suyos, que los animaba sin descanso en la derrota porque veía que el equipo nunca se daba por vencido. Aquel equipo perdió muchos partidos en los últimos segundos, ¿os suena? Aquel equipo se vio contra las cuerdas en el playoff por la permanencia. Y aquel equipo hizo algo enorme, más difícil que ganar un campeonato y que sienta, como mínimo, igual de bien: remontar un 2-0 en una eliminatoria a cinco partidos y con el factor cancha en contra.

Solamente ha pasado dos veces en la historia de la ACB, la mencionada del CB Murcia y otra anterior del CB Granada. Nunca más se ha producido algo así. Historia. Y de la buena, además. No escucharéis a nadie del actual club sacando pecho de aquella temporada, bien por desconocimiento o bien por puro desprecio, pero me gustaría que la gente lo recordara si lo vivió, y lo conozca si no lo vivió, para encontrar una respuesta al momento actual y animar sin descanso al equipo en esta temporada 2019/20. Es una enseñanza: da igual que se pierdan muchos partidos en los últimos segundos siempre que haya alguien animando dentro y fuera del equipo; siempre que el equipo tenga amor propio, rabia, alma. Ojalá así sea.

John Ebeling fue el líder de un equipo campeón. También merece recuerdo, homenaje, reconocimiento, como todo aquel equipo. Yo estuve en Valladolid hace 26 años. Esta es una historia de película. Esta es la historia de un equipo campeón.