lunes, 30 de diciembre de 2019

La patria del bolsillo

En Zaragoza, uno de los libros de la primera serie de los Episodios Nacionales, Benito Pérez Galdós dibuja en medio del horror y de la guerra, la figura del tío Candiola, Jerónimo Candiola, un usurero, un avaro, una versión primitiva y mucho más miserable del señor Cangrejo que Stephen Hillenburg creó para sus dibujos de Bob Esponja muchos años después. El señor Cangrejo, auténtico 'yonqui' del dinero como aquel Marcos Benavent del PP valenciano, muestra en algunos capítulos trazas de bondad, minúsculas grietas en su caparazón por las que se escapa, no sin sufrimiento, la humanidad, logrando zafarse, aunque brevemente, de la obsesión enfermiza del dinero. Pero en el caso del tío Candiola de Galdós, el caparazón es de hierro forjado e irrompible, el dinero es el don superior, su única razón de ser, y acrecentar su patrimonio, y amasarlo y contarlo una y otra vez, es su único objetivo, mientras sus conciudadanos mueren de hambre a su alrededor, y su ciudad se desmorona, pasto de las llamas, y su país lucha sin descanso para liberarse de la ocupación napoleónica.

El sufrimiento ajeno hace honor al calificativo: le es absolutamente ajeno. El egoísmo y el desprecio por las personas que siente Jerónimo Candiola no se pueden medir. Para él, todo el mundo es holgazán y aprovechado. Nada de lo que sucede alrededor le importa lo más mínimo, ni siquiera verse señalado como el único zaragozano que no ha contribuido con parte de su hacienda a abastecer no ya a sus vecinos más necesitados, sino al propio ejército que defiende la ciudad. En un momento dado, la Junta de Abastos va a su casa a reclamarle varios costales de harina pagándoselos al precio de urgencia estipulado para esos momentos tan delicados, y él no permite que los saquen si no es pagando mucho más que esa cantidad y mucho más de lo que en realidad podría obtener por ellos en una situación normal. Pero su maldad no acaba ahí: tras el primer sitio de Zaragoza, el ejército asignó a cada familia el cuidado y mantenimiento de dos heridos, pero el tío Candiola negó el auxilio y echó de una patada a los que se presentaron en su casa, dejando morir desangrado a uno de ellos en su misma puerta.

El tío Candiola solamente nombraba a la patria y a la divinidad para exigirles que velasen por su patrimonio, que impidiese que alguien se lo arrebatase. Solamente una vez se le oye rogar algo a la Virgen del Pilar, a voz en grito, desesperado, mientras montañas de cadáveres colapsan las calles de la ciudad, y es que la virgen reviva a sus deudores para que le puedan pagar. Acusa a los muertos, a los que han perdido la vida defendiendo Zaragoza, de haber preferido la bendición de la muerte antes que abonar su deuda. Achaca a esos pecados y faltas de sus vecinos el castigo divino de la guerra, del fuego y de la muerte. En un momento de intensos bombardeos en el que pierde de vista a su hija, se preocupa más por haber perdido sus riquezas y, aún más, por haber perdido los recibos de quienes le debían dinero. Entonces, clamando justicia, pide a varios soldados que transportan a un moribundo que lo dejen en el suelo y le ayuden a entrar a una casa en llamas para recuperar sus pertenencias. No conoce lo que significa la solidaridad, ni mucho menos la justicia social. Por supuesto, no asocia esos valores a la patria. Su patria es su bolsillo.

Leyendo los horrores de la guerra descritos de manera tan dura como brillante por Benito Pérez Galdós, y leyendo las barbaridades del psicópata Candiola, me he enterado del acuerdo de Gobierno entre PSOE y Unidas Podemos, y he visto a algunos poniendo el grito en el cielo por la subida de impuestos a las rentas más altas. Aquellos que ganan más de 130 mil euros anuales pagarán algo más de impuestos. Huelga decir que no todos los que protestan ganan tal cantidad de dinero. Pocas personas en España lo hacen. Y huelga decir que la progresividad del sistema tributario español viene recogido en la Constitución de 1978. Y huelga añadir que, casualmente, muchos de los que se quejan de la subida de impuestos a las rentas más altas dicen defender nuestra Constitución frente a, precisamente, los dos partidos que han acordado la subida.

Los que critican la subida de impuestos acusan a esos dos partidos de querer romper España y les acusan de antipatriotas, defendiendo con ello a los que tienen tanto dinero como el tío Candiola, así como los medios para eludir el pago de impuestos. Desconocen lo que significa la solidaridad, no saben lo que es la justicia social. Por supuesto, no asocian esos valores a la patria, no creen que la patria deba proteger a todos los que viven en ella y no entienden que no todo el mundo ha gozado de las mismas oportunidades para progresar, que no todo el mundo tiene las mismas oportunidades para vivir dignamente. Dicen defender la Constitución y la patria, pero en realidad, y al igual que el tío Candiola, solamente conocen una patria: su bolsillo.

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