Una vez se lanzó el balón al aire, las dudas aumentaron, pero luego el equipo fue capaz de rearmarse, se quitó la presión, empezó a divertirse y terminó ganando con relativa -aunque no demasiada- comodidad. Muchos respiraron aliviados pensando en que lo principal ya estaba hecho. Lo principal era, para muchos, crearse un camino medianamente asequible en los cruces y llegar a semifinales, optar a una medalla de bronce y, con suerte, lograr la clasificación para los Juegos Olímpicos. Con la victoria ante Italia parecía abrirse esa puerta. Muy pocos pensaron que se pudiera ganar a Serbia en el segundo partido de la segunda fase. Entre esos pocos estaba yo, debo decir. Si tenéis el valor de navegar por las redes sociales recordaréis las alabanzas encendidas hacia Serbia por su arrolladora puesta en escena durante la primera fase. Todo era rendición sin condiciones y poco menos que la entrega del trofeo por anticipado, ya que Estados Unidos no terminaba de enamorar.
En este punto repito algo que ya he dicho muchas veces: me disgustan tanto las lapidaciones como las alabanzas colectivas. Generalmente, este tipo de manifestaciones masivas me ponen en alerta. Me avisan de que debo buscar más información. Me incitan a encontrar los tonos intermedios. Pues bien, el común no daba un duro por España y lo daba todo por Serbia, y ya sabéis lo que pasó. Lo dije antes y lo digo ahora: esto es baloncesto, que es como decir que esto es la vida. Lo que parece cantado a lo mejor se queda sin cantar. Lo que todo el mundo espera termina siendo esperado por siempre jamás, y lo que nadie esperaba resulta que llega y nos da en la cara con la mano abierta. ¡No es posible! ¡Los números no dicen eso! Lo números pueden decir una cosa y la contraria. Sólo cuando pasa, lo sabemos.
Un problema que se nos antoja insalvable, una situación que parece imposible de superar, puede dar un vuelco. En esos casos puede que tengamos que contar con la suerte, sí, pero también con la fuerza de la voluntad y del trabajo. Un ejemplo de lo que busco me lo da el baloncesto: cuando estamos 8 abajo y balón para el rival.
Cuando estamos 8 abajo y balón para el rival, la moneda está en el aire y puede caer cara o puede caer cruz. Trataremos de olvidar el marcador y defenderemos a muerte. Intentaremos recuperar la bola. Es una situación muy jodida que casi es un todo o nada: si, por ejemplo, nos meten un triple, se pondrán 11 arriba, superando así eso que llamamos "barrera psicológica de los diez puntos"; pero, por el contrario, si fallan o recuperamos el balón, y metemos un triple en el siguiente ataque, nos pondremos a 5 puntos: la mitad de esa barrera psicológica, dos posesiones, aliento en el cogote... Nada. Es decir, que se trata de un momento que nos puede llevar al -11 o al -5.
España llegó a estar 8 abajo contra Australia, y balón para el rival, en las semis del Mundobasket. Se tuvo fe, se trabajó, se tuvo suerte también, y terminamos ganando. Y de ahí a la final, y de la final al oro, al segundo campeonato del mundo. No miento si digo que me emocioné tanto (diría que más) como en aquel primer Mundobasket ganado por España, el de Japón 2006. La felicidad más absoluta y una nueva lección para la vida, de nuevo, al amparo del deporte más maravilloso que existe. El baloncesto.
Aquí os dejo un pequeño montaje musical que hice con motivo del segundo Campeonato del Mundo de baloncesto que ha ganado la Selección Española masculina, y os informo de que, de la manera más regular posible, en este blog voy a comentar la actualidad que más me interese de este deporte que tanto amo. ¡Saludos!

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